Desde que había recibido esa inesperada llamada no me lo quitaba de la cabeza. No podía pensar en otra cosa. Tardé dos minutos en vestirme, en ponerme lo primero q encontré limpio, dejando a un lado mis apuntes de termodinámica y física nuclear... Una sudadera azul marino de las del símbolo en uve y unos vaqueros, que ya no me sentaban bien porque había perdido algo de peso últimamente. Me até las zapatillas ya en el ascensor, mientras comprobaba que llevaba conmigo las llaves del coche.

El trayecto era corto y no tengo ningún recuerdo de esos minutos. Simplemente estaba absorto, pensando en tí, en mí, en lo que nos había pasado y lo que te quería. Sonó el teléfono cuando estaba entrando en el parking del hospital. La voz de Alba temblaba. Tembló mi alma. El corazón de mi hermano ya no tembló más.